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Relatos breves sobre emprender
Decía que su cliente ideal era cualquiera, daba lo mismo.
Mientras más gente, mejor.
Vendía servicios para todos y precios flexibles.
Cuando le preguntaban a quién ayudaba realmente, decía que dependía.
Un día habló con un cliente real.
Le dijo que no entendía si el servicio era para él.
Que parecía hecho para muchos, pero para nadie en particular.
Volvió a casa convencido de que el cliente no era su público.
Siguió ofreciendo lo mismo.
Meses después, seguía buscando clientes ideales.
Todos le decían que sí.
Nadie compraba.
El problema nunca fue el mercado, sino no atreverse a elegir clientes ideales.