Llegué al Aeropuerto Desierto de Atacama y me quedé sin señal.
Movistar simplemente dejó de funcionar.
Al principio fue incómodo. Como a muchos, me pasa que apenas hay un momento muerto, saco el teléfono automáticamente. Revisar mensajes, responder algo pendiente, abrir Instagram, avanzar trabajo, cualquier cosa.
Pero esta vez no podía.
Y en medio de ese silencio terminé entrando a una aplicación que hace tiempo no abría: la biblioteca de libros que tengo guardados en el celular.
Ahí encontré un libro que había abandonado hace meses:
Cómo construir una StoryBrand.
Lo había comprado en un momento donde estaba muy enfocado en entender cómo comunicar mejor una marca, cómo conectar con las personas y cómo contar historias que realmente generaran algo.
Pero entre reuniones, proyectos, talleres, grabaciones y el ritmo de emprender, quedó ahí.
Abandonado.
Me puse a leer en el avión y sentí algo extraño:
me reconecté con una parte mía que había quedado escondida entre la productividad y la rutina.
Mientras avanzaba en las páginas, empecé a sacar pantallazos, escribir ideas y relacionar todo con el podcast, con los emprendimientos que he creado y con las conversaciones que he tenido estos años entrevistando personas.
Y hubo una frase que me quedó dando vueltas:
“No hay dos vidas iguales, pero compartimos capítulos”.
Creo que eso resume mucho de lo que significa emprender.
Porque aunque cada historia es distinta, hay momentos que se parecen demasiado:
la incertidumbre, el miedo, las ganas de renunciar, la validación, las primeras ventas, el sentirse perdido, el volver a empezar.
Todos estamos atravesando procesos de transformación.
Y eso también aparece en las historias que cuentan las marcas.
El error de muchas marcas: querer ser el héroe
Uno de los conceptos más interesantes de StoryBrand es que las marcas suelen equivocarse intentando ser las protagonistas de la historia.
Pero las personas no están buscando otro protagonista.
Ellas ya son las protagonistas de sus propias vidas.
El cliente es el héroe.
La marca, el emprendimiento o el negocio debería transformarse en el guía.
Y mientras leía eso, me acordé de todos los emprendimientos e ideas que he tenido en este proceso de emprender.
Algunos funcionaron.
Otros quedaron en el camino.
Otros evolucionaron completamente.
Y muchos nacieron desde la necesidad de entender cómo generar algo con propósito sin tener todo resuelto.
Creo que por eso disfruto tanto conversar con emprendedores en el podcast.
Porque más allá del marketing, las ventas o los modelos de negocio, siempre hay algo mucho más humano detrás:
personas intentando transformarse mientras construyen.
Emprender también es una narrativa personal
A veces pensamos que construir una marca es solamente diseñar un logo, crear contenido o vender algo.
Pero las marcas que realmente conectan suelen tener algo más profundo:
una historia.
No una historia inventada.
No una estrategia forzada.
Una historia humana.
Con errores.
Con dudas.
Con momentos incómodos.
Con cambios.
Y quizás por eso muchas veces los contenidos que más conectan no son los perfectos, sino los honestos.
Porque las personas no recuerdan únicamente productos o servicios.
Recuerdan cómo alguien las hizo sentir.
Qué reflexión les dejó.
Qué problema les ayudó a entender.
O en qué momento sintieron que alguien estaba hablando exactamente de lo que estaban viviendo.
A veces necesitamos volver a detenernos
Lo más curioso es que toda esta reflexión comenzó por algo extremadamente simple:
quedarme sin señal en el aeropuerto.
Y pensé en cuántas veces el ruido del día a día nos hace abandonar cosas que en algún momento sí fueron importantes para nosotros.
Ideas.
Libros.
Proyectos.
Versiones nuestras.
A veces seguimos avanzando, pero dejamos atrás partes valiosas del proceso.
Y quizás emprender también se trata de eso:
volver a encontrarse con algunas preguntas importantes mientras construimos algo.
Porque al final, detrás de cada emprendimiento, siempre hay una persona intentando entender quién quiere llegar a ser.