No esperes tanto para emprender: lo que me dejó mi conversación con Jorge Robledo

Hay conversaciones que parten hablando de un negocio y terminan hablando de algo bastante más importante.

Eso me pasó conversando con Jorge Robledo, fundador de Finactiq.

Cuando comenzamos la entrevista yo quería entender cómo un chileno había terminado creando una plataforma financiera desde Nueva Zelanda. Quería conocer de dónde había salido la idea, cómo la había validado y cómo había construido el negocio.

Pero a medida que avanzamos, apareció otro tema varias veces:

el tiempo.

Y creo que ahí está realmente la historia de este capítulo.

La vida que “se supone” que tenemos que vivir

Jorge me contó que en 2018 estaba en Chile, recién casado, trabajando en el mundo corporativo y viviendo, como él mismo lo describió:

“La vida que se supone que tenéis que vivir.”

Trabajo, casa, responsabilidades.

Hasta que fue papá.

Ahí sus prioridades comenzaron a cambiar y apareció una reflexión bastante sencilla:

“El tiempo es oro.”

Jorge sentía que prácticamente todo ese tiempo se estaba yendo en el trabajo. Junto a su familia decidieron cambiar las cosas y emigraron a Nueva Zelanda.

No había un puesto esperándolo.

No había una estructura preparada para recibirlos.

Llegó con su hija pequeña y con su currículum impreso, buscando personalmente una oportunidad laboral.

Él mismo lo resume de una forma que me gustó mucho:

“Esta no es la historia de un expatriado, sino que es una historia de abrir el camino.”

Y creo que esa frase ayuda a entender todo lo que vino después.

El problema apareció a las 3 de la mañana

Jorge ya tenía experiencia en la industria financiera y llevaba años comprando y vendiendo acciones.

Pero vivir en Nueva Zelanda cambió completamente la forma en que podía hacerlo.

Por la diferencia horaria, algunas veces tenía que levantarse cerca de las 3:00 de la mañana para operar en el computador y después comenzar su jornada normal.

Trabajo.

Hijos pequeños.

Familia.

Y además, seguir los mercados.

En algún momento dejó de ser sostenible.

Ahí aparece algo que encuentro interesante para cualquier persona que esté pensando en emprender:

Finactiq no comenzó buscando una gran idea de negocio. Comenzó tratando de resolver un problema que Jorge tenía personalmente.

Necesitaba un sistema.

Durante el confinamiento de 2020 comenzó a programarlo.

“Me puse a programar como loco.”

La primera versión ni siquiera estaba pensada como producto comercial.

La había creado para él.

Hasta que apareció una pregunta muy propia de quien empieza a mirar su solución como negocio:

“Debe haber más personas como yo con el mismo problema.”

Y por ahí comenzó Finactiq.

Era fea. Pero funcionaba.

Hay una parte de nuestra conversación que me quedó dando vueltas porque representa algo que veo constantemente en emprendimiento.

Le pregunté cómo había validado esa primera solución.

Su respuesta fue bastante menos sofisticada de lo que muchas veces imaginamos cuando hablamos de validación.

Se la mostró a otras personas.

Conversó con amigos.

Publicó lo que estaba haciendo en un grupo de emprendedores.

Y empezaron a aparecer interesados que querían conocer la herramienta.

Pero después Jorge dijo una frase que para mí resume una de las mejores partes del episodio:

“La primera aplicación era súper fea, pero funcionaba.”

Eso fue suficiente para comenzar.

No tenía todavía el producto bonito.

No tenía la versión premium.

No estaba todo resuelto.

Funcionaba.

La mostró, obtuvo retroalimentación, detectó interés y recién después comenzó a trabajar en una versión mucho más profesional del producto.

Mientras Jorge contaba esto pensé inmediatamente en algo que ocurre mucho cuando emprendemos.

Queremos lanzar con el logo correcto, la página perfecta, todas las funcionalidades terminadas y cada detalle resuelto.

Y durante ese proceso podemos pasar meses construyendo algo que nadie ha probado.

Jorge hizo prácticamente lo contrario.

Primero hizo que funcionara.

Después lo mejoró.

Emprender tampoco significa dejar todo de un día para otro

Otra cosa que me gustó de la conversación es que no apareció esa idea romántica de que emprender necesariamente significa renunciar mañana y apostar todo.

Jorge pasó buena parte de su carrera en el mundo corporativo.

Tenía responsabilidades.

Familia.

Y reconoce que dejar un trabajo cuando ya tienes compromisos no es una decisión sencilla.

Cuando conversamos sobre si había valido la pena emprender, apareció una frase que finalmente terminó dándole nombre al capítulo.

Le pregunté qué le diría a una versión más joven de él mismo.

Su respuesta fue:

“Hazlo más temprano. No esperes tanto.”

No dijo que fuera fácil.

Tampoco dijo que hubiera que abandonar todo.

Lo que sí dijo es que habría comenzado antes.

Y esa parte me hizo bastante sentido.

Porque muchas veces el problema no es que no tengamos una idea.

Es que seguimos esperando.

Esperamos tener más plata.

Más tiempo.

Más conocimientos.

Que el producto esté mejor.

Que alguien nos diga que estamos listos.

Y probablemente nunca aparece ese momento perfecto.

Al final volvimos al tiempo

Hacia el final de la conversación volvimos, sin haberlo planificado demasiado, al mismo tema con el que había comenzado la historia.

El tiempo.

Jorge habló de su familia, de sus hijos y de la libertad que busca construir.

Y ahí entendí que Finactiq, al menos desde cómo él cuenta su historia, no nació solamente desde las inversiones o la tecnología.

También nació de querer recuperar control sobre su tiempo.

Yo le conté que tengo una hija y que una de mis motivaciones también es poder disponer de más tiempo para ella.

Por eso esta conversación terminó siendo bastante más cercana de lo que esperaba.

Porque independiente de si tienes una startup tecnológica, un negocio pequeño o solamente una idea que todavía no has probado, hay una pregunta que probablemente sirve para todos:

¿Cuánto tiempo más vas a esperar?

Jorge cerró el episodio con otra idea que vale la pena guardar.

“Prepárate para intentarlo 10 veces.”

Porque dentro de esos intentos quizás consigues lo que buscabas.

O incluso algo mejor.

Pero tienes que llegar al siguiente intento.

Escucha la conversación completa

En este capítulo hablamos de emigrar a Nueva Zelanda, comenzar nuevamente, inversiones, tecnología, inteligencia artificial, validación, modelos de negocio y cómo una herramienta creada para resolver un problema personal terminó convirtiéndose en Finactiq.

Pero para mí, la conversación quedó resumida en una frase:

No esperes tanto.

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